Aquel conflicto en 1588

El día de hoy, al viajar en un avión de vivaaerobus, encontré en mi portafolio una invitación a un concierto musical de la época de Felipe II de España, al cual, por haber olvidado que la invitación estaba en la bolsa trasera del portafolio, no asistí.

Existen personajes en la historia que su mero nombre nos recuerda alguna situación o un evento en particular, causados por su voluntad, como es el casa de Wilhelm II, quien invariablemente me recuerda la Primera Guerra Mundial, o George Washington, cuyo nombre trae a mi mente la guerra de independencia de 1776, del mismo modo que el nombre de Felipe II me recuerda la derrota de la Armada Invencible.

En 1588, España tenía el imperio más grande de su tiempo, debido a sus grandes conquistas en el territorio latinoamericano, quienes les proveían de inmensas cantidades de oro y especies, enriqueciendo a España de una manera extrema.

En aquellos tiempos, la Corona Española también controlaba los territorios de los países bajos, de los que se extraía mucha riqueza y cuyos puertos y ríos tenían acceso al Mar del Norte, donde el comercio con San Petersburgo era extenso, así como con la corona del reino de Suecia.

Sin embargo, la Corona Española tenía un gran enemigo, que dominaba todas las rutas comerciales del norte, un país  protestante, ergo cultural e ideológicamente muy distinto de la iberia de Felipe II, que seguía viviendo inmerso en las tradiciones medievales, dirigido por la inquisición, aquel país enemigo de España era Inglaterra.

Inglaterra en esos años era gobernada por la reina Isabel I, hija de Enrique VIII y de Ana Bolena, un par de personajes a quienes el rey Felipe resentía mucho por haber separado a Inglaterra de la Iglesia Católica Apostólica Romana.

Armada Invencible II

Inglaterra tenía, por su parte, razones para despreciar a España, un reino a quien consideraban uno muy rico, pero retrógrada en sus sistemas sociales, políticos y religiosos, una forma de pensar que compartía el reino de Isabel con todos sus hermanos del norte, como Suecia , Dinamarca y Holanda.

El problema fuerte entre estos dos reinos había comenzado desde hacía ya tiempo, cuando Inglaterra apoyaba a los rebeldes holandeses con munición, víveres y consejeros militares y atacaba con piratas a los galeones españoles, que zarpaban desde las Indias Occidentales llenos de oro, y terminó por explotar por la ejecución de María, reina de Escocia, quien era una católica devota y había sido descubierta con intenciones de asesinar a su prima Isabel, reina de Inglaterra.

Por estas razones, Felipe II decidió construir la flota más grande que el mundo jamás había visto, con un total de casi 200 enormes galeones de guerra, cada uno contando con 200 soldados.

Inglaterra, por su parte, contaba con muchos menos buques y soldados; sin embargo, contaba con marineros mucho más capacitados, audaces  y crueles, quienes dominaban el mar y sus complicaciones como las sábanas de su cama.

El plan de los españoles consistía en enviar esta gigante flota comandada por el Duque Medina Sidonia a las aguas del Canal de la Mancha, donde habría de encontrarse con los ejércitos del Duque de Parma, para entonces cubrir el flanco izquierdo de sus fuerzas y desembarcar en el sur de Inglaterra, para después marchar a Londres.

El análisis táctico y estratégico de esta guerra merece un apartado completo que escribiré en otra ocasión; sin embargo, es preciso recalcar que fue en esta guerra cuando España sufrió la peor humillación de su historia e Inglaterra no libraría una batalla de tal importancia hasta el año de 1940, cuando la Real Fuerza Área luchó contra la Fuerza Aérea alemana por su supervivencia, derrotándola de igual manera.

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