Ésta es nuestra policía

Hace unos días, saliendo de una venta de sillones, fuimos detenidos por una patrullas de policías de tránsito, cuyos oficiales insistían que habíamos roto la ley al habernos pasado el alto, algo que nunca hicimos, por lo que sabía desde un principio qué era lo que querían, esto siendo por supuesto un soborno, algo que los policías en este país y especialmente en esta ciudad siempre piden.

Sin embargo, debo decir que no soy ningún extraño al mundo de las leyes mexicanas y sé perfectamente cómo y qué hacer en estas situaciones, además de que tengo una base de datos de toda la nómina de la policía de la Ciudad de México, lo que significa que tengo también los nombres de los comandantes, un elemento mágico cuando un policía trata de pasarse de listo.

Tengo un amigo que trabaja para una agencia de investigación privada, quien decidió hacer una investigación sobre el nivel de corrupción en la policía del Distrito Federal, para poder saber la verdad de cómo los que están encomendados con la ley y el orden operan.

El resultado de las investigaciones fue catastrófico, ya que 9.5 de 10 oficiales de policía son completamente corruptos y se dejan comprar con facilidad, siendo en este pequeño punto débil donde las cabezas del crimen organizado se concentran y donde siempre ganan.

Desafortunadamente, estos sobornos no se concentran solamente en la policía de tránsito, sino también, y de manera equitativa en número, en la policía judicial, quienes comenten actos atroces para conseguir dinero.

Un buen ejemplo de esto es en los procesos de investigación de robo a casa habitación por criminales organizados, que le pagan a los oficiales de policía de la zona para reportarles sin falta sobre el estado de la investigación, así como  un reporte detallado sobre la identidad de las personas quienes están levantando una denuncia, para después, con la ayuda de estos datos, ser asesinados por la banda que infiltró su hogar.

En algunas ocasiones, envían una amenaza previa al asesinato para que las víctimas no levanten denuncias, amenazas que nunca son en vano y que siempre se cumplen con absoluta crueldad.

Por esta razón, una creciente mayoría de personas quienes han sufrido de estos ataques a casa habitación no levantan ningún tipo de denuncia y prefieren mantenerse en silencio, ya que para la mayoría de las personas el silencio ante el crimen es simplemente su mejor escudo.

No entiendo cómo osa el gobierno federal el transmitir anuncios en el radio para que las personas denuncien, sabiendo perfectamente bien que eso, para muchos de ellos, será una sentencia de muerte.

Todo este problema se deriva de la suprema corrupción de las altas esferas de gobierno, quienes aprueban salarios paupérrimos para la policía y nula protección para el futuro de sus familias en caso de deceso.

Ésta es nuestra policía y así es como trabaja.